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Me encontré a Frasquito Lucena en la plaza. Nos tomamos unas cervezas y aunque la conversación  iba por otros temas yo la llevé a su infancia en el Cortijo Sarmientos y el más que dejarse llevar, me arrastró a sus recuerdos de forma compulsiva hasta el punto que lo tenia que parar.

El me decía : es que cuando hablo de esos temas “se me pone el vello de punta”.

A mi personalmente también me entusiasmaba el tema. Yo aunque “contador de historias” tengo muchas lagunas históricas , y entre ellas está la vida en los cortijos a mediados del siglo XX.

Frasquito ese día me enseñó que en los cortijos, en su Cortijo de Los Sarmientos, existía una relación muy distinta a la actual entre los hombres y las bestias del cortijo.

Las bestias , por decirlo de alguna manera, estaban un poco más “humanizadas” , no ya en el trato sino que se las conocía individualmente y tenían sus nombres por la que todos los del cortijo las nombraban y hasta llamaban.

Me habló del Burro Padre que como su nombre indica su labor, aparte del duro trabajo diario, era “preñar” a las yegüas lo que por cierto para él era un “trabajo” menos duro.

Era grande y con un carácter rebelde. Cuando alguien se le aproximaba enseñaba los dientes , echando el labio para atrás como diciendo ” a ver si tienes c….. de acercarte”.

Todo el mundo le temía. Bueno todos no, el único que le entendía, y dominaba, era Rafalico el Lechero. Cuando se acercaba a él y lo aparejaba agachaba la cabeza y aceptaba docilmente  que le cargara dos cantaras de leche , a veces hasta cuatro, y así hasta el pueblo, sin rechistar.

Bueno siempre no ….. para que os voy a engañar. A veces , cuando había en las cercanías una yegüa en celo, al Burro Padre , ni siquiera Rafalico lo controlaba y la solución estaba en alejar a la yegüa lo mas pronto y lo mas lejos posible, antes que hiciera su “trabajo” (el menos duro) incluso con las cantaras puestas.

Es que era “mü” burro padre”.

Más tarde, cuando pasamos de la cerveza al vino le vino a la cabeza a Frasquito, que también en el Cortijo Los Sarmientos había otro borrico. A este le llamaban EL Borrico Miguelito.

Era todo lo contrario del Burro Padre. Chico, bueno más que chico casi enano, docil tirando a cariñoso, y vago, bueno vamos a ponerlo en “mu tranquilo”.

Ni siquiera le ponian aparejo. Simplemente con una varilla lo dirigian.

Cuando los niños venian al Cortijo era su distración favorita. Se montaban en el , iban a la fuente a por agua y el Borrico Miguelito agachaba la cabeza y movia el rabo contento tambien por la visita de la chiquillería.

burro con niños.jpg

A veces cuando estaba tendido en la tierra y no había quien lo levantara, alguno de los niños le levantaba el rabo y allí, donde salva sea la parte, le arrimaba un cardo y el Borrico Miguelito pegaba un salto entre las risotadas de los niños.

Desde aquel dia el Borrico Miguelito movia menos el rabo y cuando venian los niños lo tenia apretado, pero que muy apretado al culo. Por si acaso.

Y luego, despues de algunas copas de vino, Frasquito Lucena me siguió hablando de las cabras, del porquero, etc pero para que os voy a mentir a esa altura de la conversación , con las cervezas, el vino y el más vino, ni el se explicaba bien ni yo lo entendia mucho.

Pienso sacarle la conversación otro dia y os prometo que os lo seguiré contando.

Pepe Mateo

Contador de Historias.

 

 

 

 

 

Un comentario en “El Burro Padre y el Borrico Miguelito

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